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Shiorita
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Día 20. Un hobbie tuyo.

Buf, esto va a ser difícil. No porque no tenga, si no porque tengo demasiados. Debido a mi inconstancia en TODO, y a que me canso muy rápido de las cosas, lo que hoy es un hobbie mañana no lo es. O lo que hoy tampoco hago mucho caso, mañana es todo. Depende del momento, de las ganas, del dinero (sí, desgraciadamente, el dinero manda mucho). Por ejemplo, un hobbie siempre había sido pasearme por la FNAC a ver qué encontraba, o tratar de conseguir las 6 de Star Wars, pero ahora lo primero no puedo, y lo segundo ya lo he conseguido (yaaaaaaaaaaaaay eterno). 



Así que he decidido hablaros de uno que me gusta mucho, que hago casi todos los años, en especial en navidad. Y es... escribir cartas. Algunos ya os lo imaginabais; otros, puede que no. El único problema que tengo es el del tiempo. Necesito estar inspirada para escribir. Elijo con mucho cuidado el boli y el papel, y el sobre, a veces, lo pinto o dibujo cositas. Soy muy cuidadosa en este aspecto, pero a veces, ni siquiera puedo hacer eso, porque, por ejemplo, en navidad, tengo muchas cartas que mandar y los exámenes son justo después así que no es que tenga tiempo precisamente (este año, los exámenes los tendré antes, y a ver si así puedo dedicarme a escribir las cosas con tiempo). 

Lo que más tiempo me lleva es escribir. No porque me cueste escribir -en navidad suelo escribir una hoja por las dos caras porque con la postal pesa más la carta, y porque son muchas -, si no porque soy muy cuidadosa con lo que digo o dejo de decir. Al contrario que los emails, los tweets, los comentarios en tuenti o en LJ, o una conversación en msn, las cartas son algo que se guarda con celo y cariño. De vez en cuando se vuelve a releer, y suele ser momentos, sino bonitos, sí emotivos. Son la llave a aquellos momentos del pasado que crees que ya has olvidado, pero que tu corazón ha guardado con el código cifrado de las palabras. Y cuando las lees, algo te trasporta a esos instantes y te sientes exactamente igual que entonces. Son algo especial porque, además de movernos en el tiempo, y forzarnos a una empatía que creíamos perdida, nos dan perspectiva. Vemos qué era importante entonces, a qué dábamos prioridad, qué nos preocupaba y qué no. Y eso, sirve de mucho para encarar el futuro y hacer balance del presente. 

Una carta es un regalo, y la navidad, pese a todo lo que tiene de hipócrita y de malo, sigue siendo un época de vacaciones donde podemos tratar de sonsacar una sonrisa a los nuestros, sin morir en el intento (como ocurre en el resto del año, si no hemos muerto en exámenes). 

Hay muchos tipos de cartas, además. No sólo las hay escritas, también las que son puro dibujos. Puedes escribir un poco por encima, o cada detalle de algo que te ocurrió. Puedes contarlo con forma de tweet o deleitando a quien te lee como si le escribieras una historia. Una de las personas con las que más me gusta cartearme es con laura_sommeils, aunque debido a lo caro que es mandarlas certificadas a  Argentina, suelo enviarlas una vez al año, y envío todo junto. Todo lo que he escrito durante todo el año, porque, cada vez que me siento mal, cada vez que no sé dónde refugiarme porque la tormenta ha estallado justo encima de mi cabeza (donde tiende a soltarse, la muy ***), acudo a la carta y escribo. Escribo porque sé que aunque tarde mucho en leerme, lo va a entender, me va a comprender y va a estar ahí. Y al escribir voy dejando una parte  de mí en el papel, una parte muy importante de mí misma, donde se juntan mis miedos, mis dudas, mis ilusiones, mis alegrías furtivas, esos sentimientos que vienen conmigo por mi camino como polizones a los que haces la vista gorda porque no sabes aún si haces bien en llevarlos contigo o no; y esa parte se la dedico a ella, se la regalo a ella, y hace que, a pesar de la distancia, a pesar del tiempo, a pesar de todo, sigamos estando conectadas. Porque, a través de las palabras, la siento aquí y ella me siente allí. Y es una sensación demasiado gratificante como para dejarla de lado por el canto de las sirenas de las nuevas tecnologías. 

Además, entre nosotros, decidme que no es delicioso el momento en que te llega el cartero y te hace firmar -o te llama tu madre diciendo que hay una carta para ti, o tienes que ir a Correos a recoger algo -el paquete que llega a tu  nombre  y el mundo entero se para en ese instante porque lo único que quieres hacer es abrir rápidamente el sobre -has adivinado el remitente, y si no, en cuanto lo has leído, has empezado a emocionarte -para acabar al borde del llanto de la emoción, porque una carta de puño y letra es algo muchísimo más bonito de lo que puede parecer cuando se describe. Es algo que uno tiene que vivir. Tiene que vivir recibiéndola, y, sobre todo, escribiéndola. 

No es algo que haga con mucha frecuencia, claro; pero tampoco es algo que haya dejado de hacer nunca. Y dudo mucho que vaya a dejar de hacerlo alguna vez. Me gusta demasiado. Es, sencillamente, delicioso. 


P.D. Tengo un par de postales de navidad todavía esperando a que las envíe. Así que os llegarán en la próxima navidad, en un 2x1. 



Tags: cartas, meme, promesas
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